Hay una escena que se ha vuelto familiar: abrimos una aplicación para revisar algo puntual y, cuando volvemos a mirar la hora, hemos pasado mucho más tiempo del que pensábamos. Vimos videos, recorrimos comentarios, guardamos alguna publicación. Pero nos cuesta explicar qué nos llevamos de ese rato.

Durante los últimos meses he pensado en esa distancia entre consumir información y aprender algo con ella. Tener contenido al alcance no significa que encontremos el espacio para comprenderlo, cuestionarlo o convertirlo en una idea propia.

Lo que buscamos y lo que terminamos viendo

Internet puede acercarnos a una habilidad, una conversación o una oportunidad que antes parecía lejana. Desde Costa Rica, una persona puede compartir su trabajo, conocer otros proyectos y establecer vínculos con comunidades de América Latina y del resto del mundo.

Esa posibilidad merece nuestra atención. También merece que nos preguntemos cómo la estamos usando.

A veces entramos con una intención clara y terminamos siguiendo una secuencia de contenidos que poco tiene que ver con ella. El siguiente video aparece antes de que decidamos si queremos verlo. La comparación desplaza la curiosidad. Lo que comenzó como una pausa ocupa el tiempo que habíamos reservado para otra cosa.

No toda distracción es un problema. Descansar, entretenernos y disfrutar también tienen valor. La inquietud aparece cuando ese consumo se vuelve automático y deja de parecerse a lo que habíamos elegido.

El hábito de seguir deslizando

El scroll infinito permite continuar sin encontrar un punto evidente donde detenernos. En esa continuidad, podemos perder de vista una pregunta sencilla: ¿quiero seguir aquí?

Diversas investigaciones han señalado asociaciones entre ciertos patrones de uso problemático de redes sociales y un menor bienestar psicológico. [1] También se ha estudiado cómo algunas características de las plataformas pueden favorecer hábitos de consumo automático. [2]

Estas asociaciones no demuestran por sí solas una relación de causa y efecto. En nuestra experiencia cotidiana, sin embargo, hay algo que podemos empezar a observar: cómo nos sentimos después de consumir contenido y qué lugar está ocupando en nuestros días.

¿Salimos con curiosidad por hacer algo? ¿Encontramos una idea que queremos desarrollar? ¿O cerramos la aplicación con cansancio y la sensación de haber estado en muchos lugares sin detenernos en ninguno?

Nuestra atención merece una intención.

Elegir también es una habilidad

Creo que aprender a seleccionar información es una habilidad central de la vida digital. Implica reconocer qué contenidos nos ayudan a comprender mejor un tema, cuáles amplían nuestra mirada y cuáles seguimos viendo únicamente por costumbre.

Para quienes estudiamos, emprendemos o trabajamos en proyectos creativos, esa elección puede empezar con algo pequeño: buscar una respuesta concreta, leer una nota completa o dejar un espacio para poner en práctica lo aprendido.

También podemos revisar a quiénes escuchamos. Acercarnos a historias locales, conocer procesos además de resultados y dar lugar a perspectivas que nos hagan preguntas distintas.

Una idea necesita espacio para convertirse en algo propio.

¿Qué queremos hacer con lo que encontramos?

En THE ORIGIN nos interesan las personas que están construyendo nuevas posibilidades. Muchas de esas historias empiezan con una inquietud y con alguien que decide dedicarle tiempo.

Quizás ahí exista una forma de revisar nuestra relación con el contenido: preguntarnos qué queremos hacer después de verlo.

Una conversación puede acercarnos a otra persona. Una lectura puede cambiar una pregunta. Un aprendizaje puede convertirse en el primer paso de un proyecto.

Entre todo lo que aparece en una pantalla, ¿qué merece el tiempo suficiente para convertirse en parte de nuestra historia?

Fuentes

  1. Ansari et al. (2024). Social Media Use and Well-Being: A Systematic Review and Meta-Analysis.
  2. Baughan et al. (2022). “I Don’t Even Remember What I Read”: How Design Influences Dissociation on Social Media.
SOBRE EL AUTOR

Alex Bermúdez

CEO & Fundador, THE ORIGIN · San José, Costa Rica

Alex escribe sobre tecnología, creación y el ecosistema de negocios en América Latina.

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